lunes, 31 de diciembre de 2007

Feliz Año


Pasad una buena noche y... hasta el año que viene!

domingo, 30 de diciembre de 2007

Porque, al final, siempre vamos en La Nave de los locos (I)

Año 1934. Un barco alemán lleva a bordo todo tipo de pasajeros camino de Alemania, un comerciante judío, un acondroplásico, un nazi, una pareja de jóvenes artistas, una vieja gloria americana, un exjugador de fútbol, un grupo de baile español,...

La condesa embarca en una escala en México junto a cientos de trabajadores españoles que regresan a su país, problemas con el precio del azúcar, explica un pasajero a otra pasajera. La condesa pide la asistencia del médico del barco, le pide algo para dormir. El doctor, muy serio, muy recto, la reconoce, le advierte que no es bueno tomar estimulantes o sedantes con frecuencia, él tiene una conciencia tranquila, por eso duerme bien... es gracioso, le dice la condesa, me han quemado la casa, se han llevado todo lo que tenía, me llevan a una prisión a una isla que no conozco y ahora me da usted este sermón dominical... La condesa casi suplica la ayuda del doctor y el doctor accede a darle algo para dormir, le pregunta su edad, le pide que hable mientras el sedante hace su efecto, ella le pregunta su nombre...


Entre las estanterías de mi floresta se encuentra esta historia, que es solo parte de una historia más grande. En 1962 Katherine Anne Porter publicaba La nave de los locos, una novela coral que sería llevada al cine pocos años después en una película de Stanley Kramer no demasiado exitosa pero de la que merecen la pena algunas actuaciones e historias, como esta que voy a ir dejando día a día. Siento no poder ofrecer la versión castellana.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Desafinando


En uno de los bosques que visito, el de la señora Hilda de Tantamount, me encontré con una de las citas evangélicas más interesantes de todo el paisaje novotestamentario: “el que escandalice a uno de estos pequeños...”. Y es que hay por ahí mitrados que se empeñan en escandalizar de vez en cuando al personal, y esta vez le ha tocado al de Tenerife, y mira que es bonito Tenerife, incluso a pesar de su monseñor.

Las palabras del episcopus son de esas que hacen historia y que deben dejar a algún fiscal con ganas de citarlo para preguntarle algunas cosas. Y es que aunque Verba volant, al final, las dichas a un periodista con grabador manent, y vaya que si manent.

Esto me recuerda la confesión, hace siglos, de un joven sacerdote que me confío: “Monseñor X no tolera la homosexualidad en tanto se da en la vida civil, pero la que tiene dentro en su diócesis es más que tolerada. Todo esta bien siempre y cuando no trascienda

Me pregunta Hilda que si sé qué fumo un monseñor del terruño norteño que confundió equidistancia con ecuanimidad, y te respondo mi estimada señora que desde luego no fumó ninguno de mis cigarros, porque los míos dejan mejor cuerpo y no llegas a perder el sentido de lo que es justo o injusto, donde está la derecha y dónde la izquierda, qué es arriba y qué es abajo.


Con lo bonito que es cantar bien, afinando las notas, y, sin embargo, hay quienes se empeñan en cantar a toda costa, aunque sea desafinando

jueves, 27 de diciembre de 2007

Compromisos desafinados

Ahora que es tiempo de compromisos, de citas, de eventos varios, me viene bien recordar una de las experiencias más terribles que he tenido durante alguna de las fiestas navideñas de mi vida. Así podré evitar caer en el error de aceptar ciertos compromisos.

Las fiestas navideñas sienten predilección por lo infantil, supongo que por aquello de la inocencia, aunque hoy día sea difícil ver inocencia en la cara de muchos niños y niñas, pero bueno, seguiremos viendo hordas de pequeños partisanos por las calles el último día de cole. Nunca entendí a qué vienen esos calentadores de borreguillo casi a modo de polainas, ¿los pastores suelen calentarse los tobillos?.

En fin, tocaba ir un domingo a una misa de niños. Me gustaría decir que el esfuerzo que me supone en ocasiones bajar de mi árbol preferido de los domingos se vio compensado con una de esas liturgias nobles y convivencias comunitarias pero... la realidad fue muy distinta. La ceremonia duró algo más de una hora. Antes de empezar tuve que aguantar unos minutos de música ambiental, unos villancicos cantados por niños sonaban por el sistema de megafonía de la iglesia a un nivel de decibelios digno de cualquier macrofiesta juvenil. La autentica escenografía de escaparate que había sobre el altar de una aceptable iglesia neoclásica era, sencillamente, espantosa: un árbol seco, lleno de cosas que colgaban, como telarañas y carteles multicolores, con cuatro cirios morados pinchados aquí y allá... me pregunté si el árbol seco simbolizaba el tiempo de espera del adviento o la sequedad de ideas del que lo había ideado todo.

La gente no paraba de hablar durante la ceremonia, apenas respondían a las oraciones y plegarias, un coro de guitarras aullaba a un lado, desafinando de una manera tan atrevida que era fácil plantearse la necesaria intervención judicial; el cura lanzaba (porque su retórica era del tipo lanzamiento) un sermón repetitivo en formas y escaso en fondos, en la oración de colecta ni siquiera recordó a las víctimas de uno de los últimos desastres naturales. El párroco daba palmas y palmas, saltaba, movía los brazos y anunciaba momentos cual presentador de telediarios. Acabó la misa, pero no acabó el “espectáculo”. Los niños de catequesis cantarán unos villancicos: aja, por eso había tenido que venir yo aquí hoy, pensé.

Los niños no cantaron mal, cantaron, más o menos, más o menos azuzados por el ansia de protagonismo de sus catequistas, unos llevaban música enlatada, otros música en directo, otros nada... un bonito ejemplo de cómo hay que compartir cristianamente. Por último cantaron las catequistas. Ahorraré detalles dramáticos para no ofender sensibilidades.

El párroco, con casulla colorida, terminó todo aquello diciendo: Aquí ponemos punto y final a este festival, ¿festival?, pensé, ¿ahora lo llaman festival?.

Durante todo aquello mis pensamientos volaron de aquí para allá, a veces influenciados por la cháchara de las vecinas de banco, que sin saberlo me ponían al día de la realidad de la comunidad parroquial con sus delaciones y críticas aviesas. Me acordé de San Juan, ¿de qué le habría servido al pobre exiliado en Patmos aquel libro de revelaciones si, finalmente, el séptimo sello por abrir, lejos de anunciar desastres de escenificación hollywoodiense acababa por ser aquel retablillo provinciano de mal gusto?

Al terminar todo y poder escapar de todo aquel ambiente tipo hipermercado en hora punta no pude evitar pensar en la degradación de todo concepto de belleza y estética. Pero lo que aún no logro comprender es cómo es posible que haya personas a las que les agrade oír voces desafinadas, pobrezas gramaticales y ausencia evidente de sentido de lo sagrado. Algunos confiábamos en que la Iglesia Católica habría conseguido que pervivieran ciertas formas expresivas de lo más profundo del alma humana.

Al trasladar a un buen y pragmático amigo mi vivencia me dijo con sorna: Tu has estado mucho tiempo en los árboles.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Feliz Noche



Have yourself a merry little Christmas
Let your heart be light
Next Year, all our troubles will be out of sight

Have yourself a merry little Christmas
Make the Yule-tide gay
Next Year, all our troubles will be miles away.

Once again as in olden days
Happy golden days of yore.
Faithful friends who are dear to us
Will be near to us once more.

Some day soon We all will be together
If the Fates allow
Until then we'll have to muddle through somehow
So have yourself a merry little Christmas now.

sábado, 22 de diciembre de 2007

viernes, 21 de diciembre de 2007

Felices Fiestas

Son momentos inevitables, son lugares comunes, son épocas que siempre vuelven... así que para todos, para los que les gustaría que fuera evitable, para los que prefirirían algo nuevo, para los que se decantarían por algo que no retornara o para los que no importa porque siempre es agradable que alguien, incluso alguien que no conoces, te desee algo bueno...



Felices Fiestas a Todos


Disfrutad de la comida, de la conversación o del paisaje, pero disfrutad

La Adoración de Correggio

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Familia II


Hoy no he podido evitar recordar un comentario de una de las visitantes de mi pequeño bosque, la Viuda de Tantamount.


Un filólogo árabe, Ibn Sida, escribió allá por el siglo XI sobre la familia:



Ama a los lobos y odia a los parientes;

posponlos a las víboras y escorpiones.



Y no sigo para evitar que la plataforma pro-familia me denuncie o el Vaticano me pida explicaciones....

martes, 18 de diciembre de 2007

Bendiciones desde el Disfraz

Blesings in disguise se titulaba el primer volumen de memorias que por los años ochenta publicó Alec Guinness, yo he hecho mi particular traducción, y la prefiero a la traducción española: Autobiografía, muy originales señores de Espasa.

Traigo a colación al ilustre actor porque, hace años, lo conocí a través de sus memorias y, últimamente, navegando por las frondosas arboledas de Internet me he tropezado en varias ocasiones con este señor de voz aterciopelada, tan lejos del perfecto acento británico de un Gielgud y la imponente y llana presencia de un Scofield. Y he tropezado descubriendo y rememorando dos curiosos aspectos de su vida: era hijo ilegítimo y converso católico, desde una especie de anglicanismo pagano.

Parece ser que Guinness se sintió siempre un poco perseguido por su vida personal, una vida que en sus Bendiciones no termina de aclarar pero que, lo aseguro, queda sutilmente reflejada: una madre cabeza loca, un padrastro cruel, una sensación continua de pérdida y, al final, una salvación emocional absoluta a través del teatro... Hace unos años un biógrafo de Gielgud, Sheridan Morley (sí, el hijo de Robert Morley) hizo que muchos admiradores dieran un respingo al revelar que, como Gielgud, Guinness había sido detenido en una ocasión por aquello del “escándalo público” al buscar algo más que amistades en un “public lavatory”... mezquino ¿no creen?, Guinness, al contrario que Gielgud, no habría caído en desgracia porque en el juicio express al que se sometía a los “criminales” de este tipo él habría dado un nombre falso: Herbert Pocket (sí, el de Great Expecations de Dickens), película que por entonces rodaba dirigido por David Lean.

El revuelo que armó la revelación de Sheridan (¿sería una extraña venganza?), hizo que algunos personajillos del mundo editorial comenzaran a escribir y escribir cosas aún más mezquinas en una orgía de comentarios que superaban con mucho el atrevimiento del hijo de Robert Morley (con lo buena persona que parecía su padre...). Llega un momento en el que cualquiera puede cuestionar cualquier cosa de cualquier persona aún sin haberla conocido y sin que sus aparentes descubrimientos puedan aportar nada significativo: que si era duro con su mujer, que si era distante con su hijo, bla, bla, bla, bla....



Guinness falleció en agosto del 2000, su esposa Merula se reuniría con él unos meses más tarde. Las palabras de su hijo Mathew, quizá en un intento por zanjar el asunto, fueron claras y yo creo que más que evidentes, vino a decir algo así como: cuando mi padre estaba ya casi en agonía nos llamó a mi madre y a mí, nos dijo que nos quería mucho y que nos pedía perdón por todo aquello que pudiera habernos afectado.


Alec Guinness escribió unas memorias sensacionales, muy divertidas, recuerdo haberlo comentado animadamente con unos amigos en un verano ya lejano. Descubrías a un señor que te enseñaba un amor por el teatro absoluto, conocías un mundo nuevo de bambalinas, versos y anécdotas delirantes. Un hombre sencillo que creía firmemente que su conversión le había dado algo de paz y bienestar y el teatro un medio para devolver, de algún modo, la paz recibida.

Terriblemente tímido, nunca ensayaba las escenas que incluyeran besos, fue uno de los actores que ha besado a más actrices en la historia del cine, y sin ser un galán!. Sus mejores amigos y confidentes fueron mujeres (una de sus más amigas fue Grace Kelly), su generosidad entre los compañeros y colegas siempre fue reconocida y su generosidad y sencillez en el trato apreciada.



Cualquiera tiene derecho a decidir en esta vida lo que quiere ser, pero también tiene derecho, en libertad, a decidir qué no quiere ser.


Si podéis, amigos de mi floresta, ved El cisne, Hotel Paradiso, El Puente sobre el río Kwai, Los Comediantes, Un genio anda suelto, El Quinteto de la Muerte o Pasaje a la India...

sábado, 15 de diciembre de 2007

La Familia


Como miembro de una familia de la nobleza, mis palabras a la institución familiar no podrían ser más que loas y parabienes a ese pilar fundamental de la sociedad. Pero como barón sin título, como errante barón, no puedo hacer, en la práctica, más que comprender a aquellos cuyos lamentos vitales, cuyas frustraciones más íntimas, son producto de su vida familiar.

Hay dos clases de miembros de una familia, los que se divierten en una reunión familiar, y los que abominan de ella. Una reunión familiar es tranquila mientras los miembros de las jóvenes generaciones no han comenzado sus vidas familiares paralelas, tras las bodas y el surgimiento de nuevas familias.

Una amiga íntima me escribía un día: “Es curioso, pero nunca pensé que me fuera a distanciar tanto de mi hermano, hasta el punto de no desear verlo, de poder pasar sin saber nada de él por meses.” Mi amiga era la hija menos agraciada en todos los aspectos de la vida, su hermano, con familia y gran puesto de trabajo, era el centro de atención del núcleo familiar. Hay cosas que se perciben a lo largo de la vida, normalmente las perciben mejor las mujeres, como, por ejemplo, que a una misma reflexión los padres acepten las de él, y nunca las de ella. Confieso que mi amiga es tremendamente perceptiva, una virtud que nunca le he envidado...



Quizá por eso yo decidí un día emigrar, volar del nido, y del árbol del nido, y del bosque donde estaba el árbol, y hasta del pueblo donde estaba el bosque... Yo no quise nunca percibir lo evidente...

viernes, 14 de diciembre de 2007

Topamos con la "ciencia"


Un científico, cuyo nombre omitiremos, parece que ha descubierto algunas de las claves de la homosexualidad. Los homosexuales, dice el investigador, son hombres que han quedado “atrapados” en su edad infantil, de ahí que sean tan imaginativos, de ahí, que muchos grandes artistas sean homosexuales.

Cuando se leen estas cosas en los periódicos se acaba reflexionando sobre la realidad de la enseñanza académica, sobre su verdadero valor, sobre el curioso mercado editorial, sobre lo fácil que es que una persona no muy inteligente llegue a tener un puesto de relevancia en el escalafón social y hasta llegue a ser respetada y admirada.



Y es que hay quien se conforma con mirarse en el espejo cada día y pensar: estoy estupendo, SOY ESTUPENDO.

Perdón por haber utilizado a Caravaggio, ya hablaremos de este pintor un día de estos.

martes, 11 de diciembre de 2007

A don Fernando


Desde mi floresta recuerdo los álamos de Lisboa y las luces entrecortadas del monasterio de Los Jerónimos, recuerdo el aroma del Chiado y sus adoquines, pero sobre todo recuerdo esta lectura, a la vera de don Fernando, eterno en bronce.


Cuando nació la generación a la que pertenezco encontró al mundo desprovisto de apoyos para quien tuviera cerebro, y al mismo tiempo corazón. El trabajo destructivo de las generaciones anteriores había hecho que el mundo para el que nacimos no tuviese seguridad en el orden religioso, apoyo que ofrecernos en el orden moral, tranquilidad que darnos en el orden político. Nacimos ya en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político. Ebrias de las fórmulas exteriores, de los meros procesos de la razón y de la ciencia, las generaciones que nos precedieron derrocaron todos los fundamentos de la religión cristiana, porque su crítica bíblica, ascendiendo de la crítica de los textos a la crítica mitológica, redujo los evangelios y la anterior hierografía de los judíos a un montón dudoso de mitos, de leyendas y de mera literatura; y su crítica científica señaló gradualmente los errores, las ingenuidades salvajes de la “ciencia” primitiva de los evangelios; y, al mismo tiempo, la libertad de discusión, que sacó a pública discusión todos los problemas metafísicos, arrastró con ellos a los problemas religiosos donde perteneciesen a la metafísica. Ebrias de algo dudoso, a lo que llamaron “positividad”, esas generaciones criticaron toda la moral, escudriñaron todas las reglas de la vida, y de tal choque de doctrinas sólo quedó la seguridad de ninguna, y el dolor de no existir esa seguridad.

Pero el criticismo ordinario de nuestros padres, si nos legó la imposibilidad de ser cristianos, no nos legó el contentamiento con que la tuviésemos; si nos legó la incredulidad en las fórmulas morales establecidas, no nos legó la indiferencia ante la moral y las reglas de vivir humanamente; si dejó dudoso el problema político, no dejó indiferente a nuestro espíritu ante cómo se resolvería ese problema. Nuestros padres destruyeron alegremente porque vivían en una época que todavía tenía reflejos de la solidez del pasado. Era aquello mismo que destruían lo que prestaba fuerza a la sociedad para que pudiesen destruir sin sentir agrietarse el edificio. Nosotros heredamos la destrucción y sus resultados.

En la vida de hoy, el mundo sólo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación.
Fernando Pessoa, First Article de El Libro del Desasosiego

domingo, 9 de diciembre de 2007

Vecinos


Cuando en ocasiones bajo a las llanuras y convivo unos días entre familiares, vecinos y amistades, redescubro el placer de las historietas de lo cotidiano, del chisme de barrio, o de pueblo, de los dimes y diretes, de las rivalidades, de la vida en definitiva...

Aunque los que me conocen me toman por una persona seria y concentrada en elementos más ligados a lo intelectual, lo cierto es que no soy nada ajeno a los eventuales chismorreos, y soy consciente de que mi propia vida ha dado que hablar a más de un corrillo de vecinas y vecinos preocupados por mis relaciones sociales.

Pero guardo en secreto mi curiosidad, y a más en secreto aún mis descubrimientos. Hoy por ejemplo, sin ir más lejos, una extraña visión ha disparado mi porción de neuronas dedicada a estimular esa parte del cerebro preocupada en las elucubraciones sobre la vida de los demás.

En una angosta calle he visto a una vecina y un vecino, de sobra conocidos por mí, hacer un extraño ademán de despedida. Parecía que él, salía de la casa de ella y mientras lo hacía procuraba que los faldones de su camisa quedaran discretamente recogidos en el interior de su pantalón.

Tras esta visión por mi cabeza han desfilado una buena porción de ecuaciones vitales. Muy resumidas y telegráficas, claro esta, como lo son todas: Ella siempre ha sido una mujer que ha gustado de distinguirse por su aspecto físico y su indumentario (estoy tratando de ser educado en la expresión escrita), no es mi tipo pero reconozco que, para su edad, está muy bien. Él es un hombre de más o menos su edad, la cincuentena, que ha vivido solo desde que sus padres murieron, sin ser reconocidas relaciones o flirteos, un hombre simplón, pintor, albañil, recolector... lo que se tercie. ¿Y el marido de ella?, porque aquí hay un marido, pues es uno de esos homosexuales que se casaron para guardar las apariencias, o al menos eso es lo que se ha dicho.

Estas son las cosas que añaden algo de aventura a nuestras vidas ¿no creen?. Solo pensar en la posibilidad de estar asistiendo a una relación de este tipo, secreta, discreta, etc., me abren el apetito de alguna manera. Pese a las dificultades, pese a lo comprometido de un asunto así, confieso que en alguna ocasión se podría haber dado en mi vida algo así de estimulante, pero la duda sobre si merecía la pena freno hasta mis más recónditas reflexiones.

Pero esto es hablar por hablar. Quizá el vecino ayudó a la vecina a subir la bombona de butano o a mover alguna maceta de sitio. Lo más probable es que estuvieran hablando del tiempo y de lo que harían el fin de semana. Un saludo a media tarde y unas frases sueltas, lugares comunes en la rutina de un vecindario...

Reconozcamos que tanto para nosotros como para ellos sería más interesante que tuvieran un lío, tienen derecho a ello, esas cosas no son sólo para personajes famosos, populares y bien parecidos.

jueves, 6 de diciembre de 2007

¿Descendemos del primate?


Es la primera vez que me inmiscuyo en las nuevas tecnologías de una manera tan personal. Me parece asombroso esto de la aldea global, estas ventanitas llenas de color, movimiento y hasta música. En ocasiones encuentro de mal gusto ciertas cosas, ciertas tristes exhibiciones de la mediocre condición humana, pero he de reconocer que existen personas llenas de conocimientos, y hasta sabiduría, que no hacen más que compartir gratuitamente el fruto de sus inquietudes o desvelos.

Yo puedo compartir un poco de mis viajes, de mis lecturas, de mis amistades (que son siempre fruto de conocimiento) y de mi vida de reflexión en las alejadas copas de los árboles que tienen la atención de darme amparo y cobijo.

A pesar de lo que pueda parecer, de mi condición de barón rampante, mi exilio no es perpetuo, de vez en cuando bajo a tierra firme para solazarme con las cosas que siguen siendo bellas ahí abajo. Y, también lo confieso, hay quien me espera, quien, aunque sea de tiempo en tiempo, necesita compartir conmigo algo íntimo y preciado.

De todas las noticias y anécdotas que han llegado a mis oídos y a mis ojos, la que más me ha impresionado ha sido la de ese joven chimpancé que ha demostrado tener una habilidad que cualquier ser humano atribuiría a personas con dones o aptitudes casi sobrenaturales. El joven simio recuerda, tras un golpe de vista, secuencias numéricas dispuestas al azar en una pantalla, y todo por una golosina que un dispensador que hay junto a la pantalla le ofrece si acierta.

Cuando supe de este nuevo descubrimiento científico me invadió una extraña sensación, mezcla de desanimo, decepción y asombro. Supongo que mi orgullo de homo sapiens se sintió lacerado (utilizo este verbo, lacerar, en honor a un Magistrado de la Audiencia Nacional). Millones de años de evolución, civilizaciones perdidas, un universo conocido y otros cuyo conocimiento esta previsto, y un monito sabe hacer algo tan extraordinario... Freud tenía razón cuando dijo que, de haber vida inteligente extraterrestre, no creía que llegaran a visitarnos.